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La COVID-19 consiguió que el mundo diese un paso adelante y la gran mayoría de los sectores tuvieran que reinventarse, apostando por la digitalización y el uso de nuevos recursos. Los eventos fueron uno de estos afectados.

Antes de abril de 2020, en apenas dos meses, se cancelaron más del 87% de los eventos presenciales, generando un impacto económico negativo de gran magnitud. El Carnaval de Venecia, los Juegos Olímpicos, el Mobile World Congress… Eventos populares e internacionales tuvieron que cerrar sus puertas sin llegar ni siquiera a abrirlas.

En cambio, muchos quisieron darle un giro completo y apostar por el uso de las redes sociales, el streaming, apps específicas, etc.

Los eventos virtuales son ya una alternativa para el sector, aunque la comunicación en vivo, la presencialidad y la socialización han sido desde siempre, y lo siguen siendo, factores determinantes. Sin embargo, la situación así lo ha requerido.

El uso de nuevas plataformas ha logrado una comunicación más bidireccional con los asistentes, ya que, se puede llegar a un amplio número de personas a través de un dispositivo móvil, algo que en eventos presenciales podía verse muy limitado. No obstante, muchas empresas y entidades han optado por combinar ambos, con el fin de abarcar todos los recursos de los que dispone la organización de un evento.

Además, encontramos beneficios como:

• Incremento de la alfabetización digital entre la población adulta y las nuevas generaciones.
Ahorro de energía y cuidado del medioambiente.
Aforo ilimitado de asistentes, llegando a una capacidad mucho más amplia.
Avance tecnológico generando nuevas plataformas de streaming y otros recursos que hacen uso del 5G.
• Reducción de costes para la empresa o entidad.
• Facilidad de acceso.
• Mayor recuerdo de marca, ya que puede quedar grabado tanto en la red como en los dispositivos de los asistentes.

Aunque dispongan de características similares y la finalidad sea la misma, la organización de un evento presencial y uno híbrido es muy distinta. Hay que adaptarse y crear otras alternativas como una app específica, una web, un entorno de realidad virtual, un sistema de invitación por registro, crear avatares, etc. Debe conseguirse que
el espectador mantenga el 100% de su atención durante todo el evento, y para ello, hay que trabajar cada segundo.

Es por esto, que los eventos virtuales nacieron de un obstáculo que paralizó al mundo, pero como “no hay mal que por bien no venga”, han llegado para quedarse y facilitar la comunicación corporativa de entidades y empresas.