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Después de unas merecidas vacaciones donde hemos tenido tiempo para casi todo, después de haber descansado lo que nos ha dejado y después de habernos relajado en la playa tomando el sol, volvemos al trabajo con las pilas muy cargadas, y súper morenitos.

El verano nos puede ayudar a muchas cosas, pero a mí, personalmente, me ayuda a descansar, no solo física, sino también mentalmente. Duermes más horas, dedicas tu tiempo a lo que realmente te apetece, y no tienes quebraderos de cabeza que te perturben, siempre y cuando pases tus vacaciones solo, en un lugar muy apartado y lejos de tu familia.

El verano es para desconectar, y para hacer todas esas cosas, que en tu día a día no sueles hacer, bien por falta de tiempo, bien porque no puedes o porque te mirarían mal. Además, parece que en verano todo vale, y muchos de nosotros desempolvamos esas camisas imposibles para lucirlas en cualquier rincón del mundo, donde, afortunadamente, nadie nos conoce, y no es delito hacerlo.

Sea como sea, nosotros ya estamos aquí, preparados para retomar los proyectos pre-vacacionales, e ilusionados con los nuevos que vamos a emprender en breve. Y es que digan lo que digan, volver de las vacaciones cuesta, pero tenerlas es importantísimo para cargarte de energía y positividad.

A mí, volver al trabajo me gusta. Sí, como lo oyes… Y no me considero una persona rara, pero volver a la normalidad en las comidas, las horas de sueño o el gym son fundamentales para nuestra salud mental, ¿verdad? El problema es que dentro de un par de semanas, ya estaremos pensando otra vez en las próximas vacaciones de verano, pero como aún queda un poquito, es mejor tomarse las cosas con calma y pensar que al mal tiempo, siempre buena cara y una gran sonrisa, ¿no os parece?