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Que todos llevamos un fotógrafo dentro no es ningún secreto. Y es que, al ser humano le encanta inmortalizar cada momento. Si bien es cierto que cuando las cámaras funcionaban con carretes (seguro que entre nuestros lectores hay algunos que no saben qué es eso), solíamos ser más cuidadosos y teníamos un ojo más crítico porque la película se acababa más pronto que tarde, con la llegada del mundo digital, la manía de inmortalizarlo todo se ha apoderado de nosotros. En el súper, en la playa, en el restaurante, de viaje… Y es que, el papel de la fotografía ha cambiado muchísimo en estos últimos años.

Con la llegada de los dispositivos móviles, parece que todos somos fotógrafos. Y es que, este arte se ha popularizado hasta tal extremo que podemos encontrar imágenes geniales hechas por personas de a pie, como tú y como yo.

El hecho de salir de viaje cargados con cámaras, objetivos y carretes, lo hemos cambiado simplemente por llevar detrás nuestro móvil y un cargador, por si acaso. Nos hemos convertido en seres totalmente digitales, y la mayor de las veces, personas que no podemos vivir sin nuestros dispositivos móviles.

El ojo ya no filtra por falta de medios (si te llevabas 10 carretes de 24, solo podías hacer 240 fotos). Esta digitalización y capacidad de almacenaje en nuestros dispositivos móviles, se ha multiplicado por mil, ofreciéndonos la posibilidad de hacer millones de fotos en un viaje sin tener que preocuparnos por si mañana podremos hacer más. Esto tiene ventajas, pero también inconvenientes, porque llega un momento que no tenemos filtro, y lo fotografiamos todo, todo, pensando “si no me gusta, la borro”. Yo he sido testigo, en un museo (y no sol una vez), de ver cómo la gente con su móvil, fotografiaba la cartela que acompaña una obra de arte. Para mí todo un despropósito, ya que ¿para qué quieres esa foto? ¡Compra el catálogo caramba!

Podríamos pensar que la cámara fotográfica, en su sentido más estricto, ha perdido su razón de ser, porque con el móvil, esta necesidad la tenemos bien cubierta. Y a diferencia de ella, el móvil lo llevamos siempre con nosotros. Eso no significa que sea el fin de las cámaras. No. Afortunadamente aún quedan personas aficionadas a la fotografía que ven el mundo a través de un visor. Una sensación, que si no la habéis probado, os la recomiendo, porque es fantástica.

De todas formas, y sin intención de desanimar a nadie, que hagas fotos, no te convierte en fotógrafo. La sensibilidad y el ojo crítico se cultiva y se trabaja para sacar fotones, además de nacer con un poquito de cada una de ellas. La tecnología, a disposición de todos nosotros, no garantiza que una foto sea buena, y no estamos hablando de calidad. Una foto puede ser técnicamente perfecta y no transmitir nada, o, al contrario, comunicar una gran cantidad de emociones que nada tienen que ver con los pixels de nuestro teléfono.